Insuficiencia Renal Aguda en el Gato.
- Marta Álvarez Rodríguez

- 24 may 2022
- 4 min de lectura
La insuficiencia renal felina es una enfermedad de prevalencia relativamente elevada, sobre todo entre los gatos de edad avanzada. Cuando un riñón en principio normal se ve incapaz de realizar sus funciones en cuestión de horas o pocos días, hablamos de una insuficiencia renal aguda (IRA).

Estructura y función de los riñones
Los riñones desempeñan funciones endocrinas, de eliminación de productos de desecho y de mantenimiento del equilibrio hídrico, electrolítico y ácido-básico. La unidad funcional y estructural de los riñones son las nefronas. Estas tienen una parte donde se filtra la sangre (el corpúsculo renal de Malpighi) y un túbulo renal dónde se modifica el volumen y la composición del filtrado y además lleva los desechos hacia el uréter. El riñón participa de manera importante en la regulación de la presión arterial, produce hormonas esenciales (eritropoyetina y vitamina D activa), y en periodos de ayuno prolongado puede sintetizar glucosa.
¿Por qué se produce la Insuficiencia Renal Aguda?
Las causas que pueden desencadenar una IRA en el gato son muy diversas y por ello se suelen agrupar en 3 grupos:
Prerrenales: engloba causas de insuficiencia circulatoria e hipotensión arterial en las que el riego sanguíneo renal se ve reducido. Por ejemplo, una insuficiencia cardiaca congestiva.
Intrarrenales: En este caso se produce una lesión sobre el propio tejido del riñón, ya sea en su vascularización, en los glomérulos, el epitelio tubular y/o el intersticio renal. Algunos ejemplos son: ingestión de tóxicos, enfermedades infecciosas o el lupus eritematoso sistémico.
Posrenales: son causas que producen la obstrucción de las vías urinarias (cálculos urinarios, tumores, etc.). Al haber una eliminación inadecuada de los productos de desecho y/o rotura de las estructuras (vejiga, uréter, etc.) se desencadena la IRA.
Si son identificadas y tratadas con rapidez se puede evitar el daño renal irreversible (insuficiencia renal crónica (IRC)).
¿Cuáles son los síntomas?
Los primeros síntomas aparecen repentinamente y suele ser inespecíficos: apatía, debilidad, anorexia (falta de apetito), vómitos y diarrea son los más comunes. En casos de obstrucción veremos que nuestro gato tiene dificultades para orinar (disuria, estranguria) o la incapacidad total de orinar (anuria). También es frecuente la halitosis. Otros signos menos comunes pero posibles son: el aumento de la cantidad o frecuencia con la que bebe (poliuria), ataxia y convulsiones.
La IRA es un proceso grave que se instaura de forma rápida y puede acabar con la vida del gato o desarrollar una IRC, donde los daños causados a los riñones son irreparables.
Diagnóstico
Para realizar un diagnóstico preciso, el veterinario comenzará con una serie de preguntas donde podrá detectar algún antecedente (como la ingestión fármaco nefrotóxico). También es necesaria una exploración física completa en la cual se recogerán datos de las constantes vitales, y se explorará la zona lumbar, pélvica y genital de forma exhaustiva en busca de anomalías en los riñones, vejiga y otras estructuras, además nos ayuda a saber si el gato tiene dolor y dónde. Las pruebas de laboratorio útiles en estos casos son:
Hematología y Bioquímica sanguínea: prestando especial atención a los valores de hematocrito, urea y creatinina, SDMA, calcio y fósforo, potasio, bicarbonato.
Serología (en caso de sospecha de leptospirosis).
Análisis de orina. Se evaluará la densidad, presencia de glucosa, enzimas GGT y NAG, sodio y el sedimento urinario.
Radiografía y ecografía. Una radiografía nos muestra el tamaño renal y la presencia de cálculos. Si se sospecha de rotura u obstrucción está recomendada la radiografía de contraste para poder identificarlas. La ecografía nos proporciona datos más específicos sobre el estado de los tejidos y facilita la toma de muestras.
Tratamiento
Si el gato llega al veterinario muy inestable se debe iniciar un tratamiento de soporte inmediatamente y mientras se estabiliza realizar la exploración y diagnóstico. Una vez llegamos al diagnóstico de insuficiencia renal aguda, podemos comenzar con el tratamiento específico de esta. Se perseguirán una serie de objetivos:
Eliminar la causa responsable.
Si se sospecha una intoxicación o envenenamiento se debe inducir el vómito, realizar lavados gástricos y administrar carbón activado.
Si se sospecha una enfermedad infecciosa o shock séptico debe administrarse antibioterapia tan rápidamente como sea posible, utilizando la medicación menos nefrotóxica.
Corregir la azoemia. Corregir los trastornos hídricos, electrolíticos y acidobásicos. Restablecer una producción adecuada de orina. Mediante fluidoterapia y fármacos como los diuréticos.
Dieta específica (aminoácidos esenciales, bajo contenido en fósforo) hasta que se recupere el riñón. Se debe considerar una alimentación mediante sonda si el gato no tolera la ingestión oral.
La diálisis y el trasplante renal son posibles, aunque no siempre factibles por disponibilidad o factores económicos.
Un retraso en el tratamiento puede convertir el proceso en irreversible y poner en peligro la vida del animal. Por ello las revisiones periódicas y acudir al veterinario ante la aparición de un problema, es lo mejor para la salud de nuestro gato.
Pronóstico
A diferencia con lo que pasa en la IRC, la IRA es, en muchos casos, potencialmente reversible. En general, la buena respuesta al tratamiento es un indicador de buen pronóstico. Asimismo, las causas obstructivas y las prerrenales también cursan con buen pronóstico. Por otra parte, si la causa ha sido intrarrenal, el pronóstico puede variar de reservado a muy grave dependiendo de la extensión del daño producido en cada caso y si ha cursado o no con anuria.




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